
Compartir la propia intimidad
La situación de las personas refugiadas y migrantes pide comunidades de acogida
[Artículo de Carme Munté Margalef y fotografía de Agustí Codinach, para Catalunya Cristiana]
El jesuita Pau Vidal trabajó durante ocho años con el Servicio Jesuita a los Refugiados en los campos de Liberia, Kenia y Sudán del Sur. Una inmersión en la vida en los campos de refugiados, donde se agolpan personas obligadas a irse de casa a causa de guerras, persecuciones y desastres naturales. Hace ya dos años que regresó a Catalunya, donde tiene la oportunidad de seguir trabajando por las personas refugiadas y migrantes, pero desde la óptica del país de acogida. Él, que no ha dejado de andar descalzo como aquel que pisa tierra sagrada, es consciente de las dificultades que viven estas personas en nuestro país, paralizadas e invisibilizadas por un sistema administrativo y burocrático que les impide labrarse un presente y futuro con dignidad. Un sistema que tiene en los Centros de Internamiento de Extranjeros una de las realidades más inhumanas.
Pau Vidal coordina la Xarxa d’Hospitalitat de la Fundacin Migra Studium, que ofrece acogida a personas solicitantes de asilo y migradas. Una hospitalidad que ha puesto en práctica la misma comunidad de cinco religiosos de la que forma parte, y que en febrero pasado abrió la puerta a dos nuevos miembros: Aboubacar Sidiki Kaké, de Guinea Conakry, y Ebrima, de Gambia.
«Como religiosos -dice Pau Vidal-, nos satisface abrir las puertas de casa y compartir nuestra intimidad, porque, si no, la vida religiosa tiene el riesgo de acabar llevando un estilo de vida con poco contacto con la realidad de la calle, con las situaciones de dificultad. Compartir la propia intimidad te hace salir de ti mismo y entender que esa persona que percibes como el otro, el forastero, lo diferente, no es una amenaza, sino una riqueza».
Desde 2018 se han incorporado a la Xarxa d’Hospitalitat de la Fundació Migra Studium más de 68 hogares de acogida, que han permitido acoger a 65 adultos y 8 menores.
La historia de Aboubacar Sidiki Kaké, como la de tantos compatriotas africanos, nos habla de países que son expoliados en sus recursos naturales, mientras la población vive en la miseria. Nos habla de la avaricia de los países ricos y la corrupción de los propios gobernantes africanos. Y de jóvenes que carecen de expectativas y que por eso deciden emprender el camino del sueño europeo, mientras ponen en riesgo su vida y pagan grandes cantidades de dinero a las mafias. Y nos habla también de las trabas que los estados ponen a las personas migradas y a su integración. Kaké salió de Conakry (capital de Guinea ) en septiembre del 2016, y once meses después entró en España por Ceuta. Pasó por Cádiz y llegó a Cataluna en el 2018. Tras su paso por diversas entidades como la Fundació Putxet o la Associació Cedre de los Caputxins de Sarrià, el pasado febrero llegó a la Fundació Migra Studium.
En un artículo en la revista de ACO ‘Sal i llum’ (otoño-invierno 2020), se menciona un refrán de su país, que resume el juego de Europa con África: «No quieres verme, pero siempre estás en mi casa». Así es, dice Kaké: «Explotan nuestro continente lleno de riquezas y recursos, sin respetarnos. No necesitamos ayuda humanitaria, sino acceso a educación, desarrollar nuestras culturas, cuidar nuestros bosques y seres vivos y no engañarnos con venir a Europa, como si esto fuera el paraíso». Lo suscribe Pau Vidal: «El sistema capitalista mayoritario, que ha estado en paréntesis unos meses a causa de la pandemia, hace que una parte muy pequeña de la población mundial se beneficie de los recursos naturales de los países pobres, de mano de obra barata, de personas que deben vivir de la economía sumergida».
Kaké reconoce que el sueño europeo se disolvió en cuanto entró en España. En ese momento fue consciente de que Europa no era el país de las oportunidades: «En la escuela estudiamos Europa, pero sólo la parte hermosa, la misma que nos muestran los medios de comunicación. Por eso tenemos una imagen que no existe en realidad. Desde Guinea nunca imaginé que aquí hubiera gente durmiendo en la calle, porque sólo nos enseñan las cosas bonitas. De hecho, fui voluntario durante dos años en un comedor social de la Fundació BarcelonActua, en el Raval, y quedé en estado se shock al ver la gran cantidad de personas que no tienen dinero ni para comer.»
Acogida y hospitalidad
La Ley española de Extranjería vincula la posibilidad de regularizarse a conseguir una oferta de trabajo de un año a jornada completa. Esto condena a estas personas a pasar años en la invisibilidad más absoluta. «Para acceder al NIE (Número de Identidad de Extranjero), debo presentar un contrato laboral de un año a jornada completa, algo inaccesible incluso para las personas de aquí», se lamenta Kaké. Además, para obtener el pasaporte de su país, necesario para muchos trámites, está obligado a acudir personalmente, a riesgo de no poder volver a Catalunya. «Nos ponen barreras para que no podamos salir adelante. La parte administrativa debería ser más fácil».
Mientras tanto, Kaké realiza cursos de formación de todo tipo: teatro, gestión de residuos municipales, fontanería, reparación de móvil... Eso sí, todos de uno o dos meses de duración, porque, a los cursos breves, sí tienen acceso las personas sin papeles. Cuando llegó a Catalunya, ya hablaba castellano y, una vez aquí, ha estudiado catalán. Una buena ayuda son los propios jesuitas, que siempre le hablan en catalán; o bien su pareja lingüística, Quim Cervera. También realiza trabajos en la economía sumergida, que tampoco duran mucho, pero que son la única manera que tienen las personas sin papeles para ganarse la vida. «Una economía sumergida -denuncia Vidal- pensada para que, aquellas personas que llegan a nuestro país buscando un futuro mejor, sean explotadas y se conviertan en una subclase trabajadora para el beneficio de unos pocos».
Cuando Kaké telefonea a Conakry para hablar con los suyos (la familia, los hermanos, los amigos), no hace como otras historias de migración que esconden la realidad. Al contrario, explica todas las dificultades. Pero también les dice que en la comunidad de los jesuitas de Migra Studium se siente como en casa, que son su familia, porque le ayudan en todo lo que pueden, le escuchan cuando está triste porque no ha encontrado trabajo, o se alegran con él cuando está contento.
Kaké tiene claro su sueño: «Mis expectativas de cara al futuro son tener la documentación para vivir aquí, encontrar trabajo, tener un taller propio de chapa y pintura». Como también lo tiene claro Pau Vidal: «Mi sueño es que todos los hogares cristianos practiquen la experiencia de abrir la puerta de su casa y acoger al otro, porque en el fondo están acogiendo a Cristo. Sólo hace falta abrir el Evangelio y leer Mateo 25».
Como dice el papa Francisco en su mensaje para la 107ª Jornada Mundial del Migrado y del Refugiado 2021, que se celebra el 26 de septiembre, «los fieles católicos están llamados a comprometerse, cada uno a partir de la comunidad en la que vive, para que la Iglesia sea siempre inclusiva». Y a caminar «hacia un ‘nosotros’ cada vez mayor».