
El acompañamiento en los CIE
“La herida que nos produce el espectáculo del dolor ajeno es la huella de un enigma situado más allá del ser” (Emmanuel Lévinas)
[Mónica Mínguez Franco, Voluntaria del Grupo de Visitas CIE Zona Franca]
A menudo me preguntan por qué acompaño a personas internas en el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) y cada vez tengo que hacer una reflexión para encontrar cuál es el acicate que me hace mantener ese compromiso, y qué calidad tiene esa implicación. No es una respuesta sencilla ni absoluta, sino que varía con el tiempo.
La finalidad de las visitas de las personas voluntarias es realizar un acompañamiento psicosocial. Es decir, propiciar espacios seguros que faciliten la expresión y reconocimiento de los impactos emocionales sufridos por las personas, con la idea de ayudar a disminuir este sufrimiento.
Claro, esta definición es un buen comienzo, porque las personas privadas de libertad en el CIE son personas con un pasado, con deseos, con familia. Son personas con emociones y sentimientos y la esperanza de un futuro mejor. Personas con la dignidad inherente a ser persona, con un nombre dado al nacer y que, paradójicamente, es el primero que les sacan al llegar al CIE. Desde el primer momento, en el CIE se les asigna un número que será, todo el tiempo que estén allí, su nuevo nombre.
Visitar el CIE se convierte, entonces, en llenar este espacio con dignidad, reflejada en una mirada de tú a tú con cada persona que acompaño, participando en una conversación, escuchando sin juzgar.
Ser parte del Grup de Visites al CIE es la forma con la que se me permite expresar mi responsabilidad por personas que ven truncado su proyecto vital, que no encuentran un lugar de acogida y que están condenadas a sufrir por el único hecho de ser económicamente pobres y haber nacido en países desfavorecidos.
Ser parte del Grup de Visites al CIE me permite actuar desde la proximidad, dejando de lado deseos inalcanzables, pero utilizando los recursos de los que dispongo: tiempo, voluntad, capacidad de escucha, empatía.
Nunca sé si las personas a las que vengo a visitar estarán o habrán sido expulsadas; éste es, para mí, el peor momento: llegar, pedir por los internos y que ya no estén, sin más información, como si una mano invisible se les hubiera llevado por la noche. Y quizás, no ha sido una mano invisible, pero es seguro que ha estado en la oscuridad de un mundo que no quiere acogerlos.
Podéis ver el reportaje que Betevé realizó con dos voluntarias del grupo de visitas al CIE (entre ellas, Mònica).
Reportaje ‘De prisión en prisión’: el periplo de un migrante liberado del CIE por el coronavirus.