
Sesenta días
[Artículo de José Javier Ordóñez Echevarría publicado en su blog personal]
“Ulises se puso en pie de un salto y empezó a mirar su tierra patria.
Dio un grito plañidero, golpeó los muslos con las manos
y entre lamentos decía: Ay de mí, ¿a qué tierra de mortales he llegado?
Son acaso soberbios, salvajes y faltos de justicia,
o amigos de los forasteros y con sentimientos de piedad hacia los dioses?”
‘La Odisea’, canto XIII.
Hoy, 12 de mayo, se cumplen 60 días del decreto de estado de alarma por el que se confinaba a la población, a las actividades productivas, a la educación presencial a todos los niveles, a la administración de justicia…, a los servicios no esenciales, en definitiva. Mientras ha sido posible, todos hemos buscado consuelo en el teletrabajo, las redes sociales, medios de comunicación digitales, balcones y terrazas para mantener el hilo físico que nos une unos a otros y que se había interrumpido por decreto del coronavirus.
Estarán de acuerdo conmigo en que en estos 60 días han pasado miles de cosas. Tanto es así, que hemos descubierto una vida escondida, latente en medio de la ciudad, en medio de la cocina o en la ventana de nuestras casas. Cada una de las personas que nos hemos encontrado en el confinamiento desde el 14 de marzo, podemos poner un ejemplo de estos descubrimientos.
Yo solo quiero referirme a uno que me ha llamado poderosamente la atención: la multiplicación de reflexión y pensamiento por todas partes. Por medios escritos, por videoconferencias, por programas de televisión, canales de emisión en ‘streaming’, etc, ha llovido un alud de pensamiento. Filósofas, sociólogas, científicas, economistas, politólogas, teólogas, psicólogas, artistas, periodistas se han preguntado en algún momento «¿qué está pasando?» y, además, «¿qué pasará después del coronavirus?»
Debo reconocerles que me he sentido aturdido por tantas y buenas ideas, análisis y previsiones de futuro que he escuchado, leído, contemplado. Les diría que incluso la lectura de ensayos, novelas o monográficos sobre las más variadas temáticas que he leído en este confinamiento han provocado el relacionarlos con el coronavirus, el aplicar esta sabiduría al tema de la pandemia. Por ejemplo, he vuelto a leer ‘La Odisea’. Ahora que apenas salgo de mi casa, me pareció acertado volver a las aventuras de un viajero que tarda años en volver a su patria después de la guerra de Troya. También Homero me ha hecho pensar en el coronavirus, en la búsqueda de una vida libre de sobresaltos, del hogar seguro con el que soñamos con descansar y sentirnos a salvo. Por eso, me he permitido citar en el encabezamiento de este texto las frases de Ulises en la playa de Ítaca; más adelante sabrán por qué estas y no otras.
Con tanta reflexión y pensamiento, ha habido quien se ha preguntado por los efectos del confinamiento, las consecuencias psicológicas, incluso las posibles secuelas o el empeoramiento de la salud mental de la población como consecuencia del confinamiento. La mayoría habla de síntomas de estrés postraumático1. Me ha recordado al llamado «síndrome de Ulises», precisamente, un cuadro de duelo migratorio extremo que puede sufrir el emigrante con estrés crónico y múltiple2.
Y, fíjese, todo esto, en apenas 60 días. Antes del coronavirus habríamos dicho que no parecía mucho tiempo. Ahora, ¿seríamos capaces de decir que estos 60 días han pasado como un suspiro? Yo creo que no, que 60 días dan para esto y mucho más. Aunque antes nos pareciera un breve tiempo en nuestras precipitadas vidas, 60 días no lo es, como hemos podido experimentar en este confinamiento.
En estos 60 días se ha desplomado la economía española, se ha disparado el desempleo, se ha derrumbado más el estado de bienestar que todavía sobrevivía entre nosotros. Las desigualdades han crecido, las necesidades básicas también y la solidaridad colectiva tiene más y mayores retos. Y 27.000 conciudadanos han perdido la vida por la COVID19.
Cuánto en cuánto tiempo. Con razón, sentimos cansancio, tedio y necesidad de aligerar el confinamiento: desescalada, fases, reapertura, franjas horarias, aforo, distancia social... Reconocemos que 60 días se nos han hecho muy, muy largos.
Pues bien, los he traído hasta aquí, a través de estas líneas, para que hagamos una breve reflexión. ¿Saben ustedes que 60 días es el plazo de privación de libertad de personas migrantes en los terribles centros de internamiento de extranjeros, los CIE? ¿Saben que estos mismos 60 días de confinamiento son los días que la ley de extranjería permite cerrar a personas cuyo único delito es haber migrado y no tener unos cuantos papeles en regla? ¿Se atreverán ahora a argumentarme que no importa que personas vulnerables, enfermas, indefensas, refugiadas, menores, inocentes…, pasen 60 días sin pisar la calle privadas de sus derechos? ¿Que 60 días pasan volando? ¿Que 60 días de internamiento en un CIE son poco menos que unas vacaciones en un centro de acogida? ¿Que 60 días de internamiento no pueden destruir personas, provocar desequilibrios, mutilar un alma vulnerable?
La próxima vez que alguien juzgue a los internos en los CIE, le ruego que se pare a pensar en ese maldito confinamiento en el que llevamos viviendo desde hace 60 días. Y después, que guarde silencio, so pena de parecer soberbio, salvaje y carente de justicia.
1 Algunas referencias:
Posibles efectos adversos del confinamiento (Ingeborg Porcar | Directora técnica de la Unidad de Crisis de Barcelona. Representante española en el Comité Permanente para las Crisis y las Emergencias (Standing Committee on Crisis and Disaster Psychology) de la European Federation of Psychologists Associations (EFPA).)
Efectos del confinamiento sobre la salud mental (Judit Vall Castelló | Profesora del Departamento de Economía de la Universitat de Barcelona, investigadora del Institut d'Economia de Barcelona (IEB) y del CRES-UPF)
¿Cuáles son las consecuencias del confinamiento? (Universidad de Sevilla)
Efectos del confinamiento en los estudiantes (Universidad de Cantabria)
Estudio sobre los efectos del confinamiento en los más jóvenes (Universidad de Burgos)
2 Una tesis doctoral defendida en la Facultad de Psicología de la Universidad de Cádiz en 2013 concluía que el 80,7% de la muestra de migrantes estudiada estaba afectada por el Síndrome de Ulises. "Incidencia del Síndrome de Ulises en Andalucía", de Mónica García Arbreda: