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Davant la porta

Tiempo ganado para la hospitalidad

"En este universo de puertas cerradas, un contrapunto: el que representan a las familias y comunidades que en algún momento decidieron abrir la puerta de su casa y ofrecer su hospitalidad"

[Maria del Carmen de la Fuente  - Catalunya Cristiana]

"Esta mañana en sólo dos horas, han venido 5 personas. Dos de ellas todavía están aquí cargando el móvil y haciendo un cafetín caliente que les he bajado"

Éste es el mensaje que nos envía Pau, jesuita, desde la puerta de Migra Studium, a las 11 de la mañana del lunes 16 de marzo, primer día de confinamiento y primer día, en mucho tiempo, en que entidades que hacemos primera acogida tenemos la puerta casi cerrada. Así será durante – al menos – dos semanas, en las que no podremos hacer aquello por lo que fuimos creadas: ofrecer acogida a las personas migrantes más vulnerables. Como somos gente organizada y eficiente, en los últimos días pensamos en un sistema de teletrabajo y nos repartimos trabajo para poder realizarlo desde casa. Parecía que lo teníamos todo controlado, pero la misma vida nos ha recordado que esto no va sólo de eficiencia y gestión y que, mientras dure este confinamiento, deberemos sufrir la imagen contra la que luchamos todos los días: la de las personas esperando ante una puerta cerrada.

En ocasiones será la imagen de la puerta cerrada de nuestras entidades. Nosotros no ofrecemos un servicio básico y por tanto, siguiendo las instrucciones de las autoridades y pensando en el bien común, no abriremos. No estaría justificado que una persona saliera de su domicilio para venir hasta “nuestra casa”, aunque para muchas de ellas y especialmente las más vulnerables, las entidades de acogida son los únicos lugares donde saben que encontrarán a alguien dispuesto a escucharlas; los únicos lugares donde poder dejar de ser invisibles, donde poder compartir quiénes son y en qué situación se encuentran. Esta puerta cerrada la intentaremos compensar intensificando el contacto telefónico con quien ya estábamos en contacto. Pero no podremos llegar a toda aquella gente a la que todavía no conocíamos. Todas aquellas personas que hubieran llegado a las entidades de primera acogida durante las próximas semanas no lo harán – sólo en Migra Studium son un centenar cada semana –, y es probable que tengan que vivir durante este tiempo más escondidas que nunca, ya que la presencia policial en la calle será estos días mucho más evidente. Éste será un tiempo perdido para la acogida.

En otros casos, la puerta cerrada será la del mismo lugar en el que viven las personas migradas más vulnerables. No utilizaremos aquí la palabra “casa”, porque gracias a informes como “La llar és la clau” de Caritas sabemos cómo viven muchas de ellas: un 36% de la población de la diócesis de Barcelona vive en una vivienda insegura o inadecuada, una cifra que aumenta hasta el 72% en el caso de personas de origen extranjero. ¿Cuántas personas vivirán su confinamiento en sitios insalubres? ¿Cuántas lo harán con personas desconocidas? ¿Cuántas en una habitación de muy pocos metros cuadrados? ¿Cuántas sin un mínimo espacio de intimidad? ¿Cuántas encerradas en un Centro de Internamiento a pesar de saber que no podrán ser expulsadas y quedarán en libertad con la mayor parte de los recursos asistenciales cerrados? No sabemos la cifra, pero ahora quizás tampoco sea lo más relevante; basta saber que son todas aquellas a las que no les hemos ofrecido una alternativa más digna. Será éste un tiempo perdido para la protección de quien es más vulnerable.

Y en ese universo de puertas cerradas, un contrapunto, tan pequeño y humilde como potente y esperanzador. El que representa a las familias y comunidades, que en algún momento decidieron abrir la puerta de su casa y ofrecer su hospitalidad. Gente, como las de la Red de Hospitalidad de Migra Studium, que está acogiendo a gente en Barcelona, ​​L'Hospitalet de Llobregat, Sant Cugat, Sant Feliu y Terrassa. Mujeres y hombres que compartirán tiempo de confinamiento (y de miedos y oportunidades) con alguien que no hace mucho era un desconocido/a. Será un tiempo para la vida compartida, un tiempo ganado por la hospitalidad.